Autor: myanimallife

  • Conjuntivitis

    Conjuntivitis

    Conjuntivitis folicular:

    Se trata de una conjuntivitis cuya causa se desconoce, caracterizada por la formación de folículos en la membrana nictitante y la conjuntiva palpebral, que cursa con enrojecimiento y secreción mucosa. Su origen puede ser inmunomediado, deberse a una irritación crónica (por ejemplo, como la que se produce a causa de algunos problemas en los párpados) o incluso a problemas alérgicos. Afecta principalmente a animales jóvenes y suele resolverse cuando el animal crece. El diagnóstico se realiza mediante la observación de los folículos o por raspados de la conjuntiva. El tratamiento consiste en administrar colirios a base de corticoide.

    Conjuntivitis alérgica:

    En muchos animales con alergia alimentaria o atopia, la conjuntivitis es uno de los signos que podemos encontrar con frecuencia, pudiendo incluso ser el único. Nuestra mascota presentará enrojecimiento de la conjuntiva y picor intenso. Con el tiempo pueden aparecer folículos. El diagnóstico se realizará mediante pruebas de alergia y el tratamiento consistirá en eliminar el alérgeno (es decir, la causa de la alergia, que frecuentemente será el polvo y toxinas bacterianas) y aplicar antiinflamatorios tópicos y lágrima artificial.

    Conjuntivitis plasmocítica:

    es una inflamación de la conjuntiva cuyo origen es inmunomediado. En ocasiones, además de conjuntivitis se observa queratitis (inflamación de la córnea) crónica, también inmunomediada. Se cree que la radiación ultravioleta puede activar este tipo de conjuntivitis.

    Conjuntivitis en perros: Problema ocular más frecuente canino

    Conjuntivitis bacterianas:

    este tipo de conjuntivitis suele ser secundaria a alteraciones de los párpados, traumatismos e incluso problemas crónicos en la piel. También puede desarrollarse por queratoconjuntivitis seca, enfermedad de la que hablaremos después, en la que la producción de lágrima es menor de lo habitual. Podemos diagnosticar conjuntivitis bacterianas mediante raspados conjuntivales, en los que veremos bacterias y células inflamatorias, además de otros tipos de células indicadoras de inflamación e infección. Cuando exista sospecha de causa bacteriana, deberemos tratar la conjuntivitis con antibiótico tópico, dependiendo la frecuencia de la gravedad del caso. Si existen recaídas o el animal no mejora, puede ser necesario realizar un antibiograma, en el que el laboratorio nos diga qué antibiótico es efectivo frente a las bacterias que están produciendo la conjuntivitis.

    Conjuntivitis parasitarias:

    existe un gusano que en ocasiones aparece en el ojo de nuestras mascotas denominado Thelazia. Se trata de finas larvas que suelen encontrarse bajo la membrana nictitante y provocan la aparición signos clínicos como lagrimeo y conjuntivitis. Muchas veces los signos empeoran porque debido al picor que sienten los animales, se rascan. Estos parásitos se transmiten porque moscas ponen huevos en la conjuntiva ocular, y cuanta más secreción (lagrimeo) mayor es la probabilidad de que las moscas acudan a alimentarse y aumente la parasitación. El tratamiento en este caso consiste en retirar las larvas y la aplicación de una pipeta antiparasitaria o baños con agentes antiparasitarios. En general, los síntomas desaparecen en 3 días, pero se recomienda repetir la desparasitación externa para evitar recaídas.

    Conjuntivitis traumática:

    igual que ocurría en los gatos, cualquier impacto en la conjuntiva e incluso en la córnea (capa externa y transparente del globo ocular) puede desencadenar conjuntivitis. Un ejemplo muy frecuente en perros son las úlceras corneales, cuyo origen puede deberse a arañazos, erosiones, contacto con productos químicos, roce continuo con pestañas ectópicas (que se sitúan en el borde del párpado y contactan con la córnea, lesionándola finalmente). El diagnóstico de una úlcera se realiza, como ya comentamos, mediante el test de fluoresceína, que teñirá la córnea en las zonas lesionadas. Su tratamiento será a base de antibiótico y antiinflamatorio principalmente, y nunca con corticoides, ya que estos pueden agravar la úlcera hasta el punto de que se perfore el globo ocular.

    Enfermedades sistémicas:

    Existen muchas enfermedades sistémicas que provocan conjuntivitis, como puede ser el virus del moquillo, la parasitosis por Erlichia o por Leishmania. En este caso el diagnóstico se realizará por la observación de otros signos clínicos y en algunos casos por raspados conjuntivales (en el caso del moquillo, pueden ser de utilidad). El tratamiento consistirá en actuar frente a la enfermedad subyacente, es decir, la enfermedad sistémica que ha dado lugar entre otros signos, a la conjuntivitis.

    No podemos olvidar hablar de la queratoconjuntivitis seca. En esta enfermedad, los animales producen menos lágrima de la habitual, siendo nula en algunas ocasiones. La sintomatología que observaremos en estos casos, será enrojecimiento de la conjuntiva y presencia de moco principalmente. No debemos confundir este moco con secreción purulenta, ya que el origen no es infeccioso. El problema va evolucionando si no se pone tratamiento, llegando a producir hipertrofia (crecimiento excesivo y anormal) de la conjuntiva. Para diagnosticar este problema, se emplea el test de Schirmer, que mide la producción de lágrima. El motivo de que un animal reduzca la producción de lágrima puede ser una obstrucción del conducto lacrimal o bien una causa desconocida que se cree inmunomediada, es decir, que el organismo reacciona frenando la producción de lágrima. Por ello, el tratamiento comienza con el uso de inmunomoduladores como la ciclosporina, junto con lágrima artificial.

  • Colangitis

    Colangitis

    La inflamación de los conductos biliares y los conductos intrahepáticos – los conductos que llevan la bilis fuera del hígado – es médicamente conocida como colangitis. La bilis es un componente esencial en el proceso digestivo, se origina en el hígado y se almacena en la vesícula biliar hasta que se ingiere una comida. El líquido amargo se libera en el intestino delgado del perro, donde emulsiona las grasas en el alimento para ser utilizadas como energía por el resto del cuerpo.

    La colangiohepatitis, por su parte, describe la inflamación de los conductos biliares y el hígado. Juntas, estas enfermedades se conocen como colangitis-colangiohepatitis (CCH). Esta enfermedad es rara en los perros, pero está bien documentada en la población de gatos.

     

    SíNDROME COLANGITIS-COLANGIOHEPATITIS EN PERROS – SÍNTOMAS

    Ciertas condiciones, a menudo se producen antes o simultáneamente al CCH: la inflamación o la obstrucción de los conductos hepáticos fuera del hígado, inflamación del páncreas, enfermedad inflamatoria intestinal (EII), enfermedad del hígado graso, o inflamación a largo plazo del tejido del riñón. Los síntomas pueden ser repentinos, intermitentes, o a largo plazo.

    Sin embargo, actualmente sólo hay tres tipos de CCH reconocidos: supurativa, que tiene una descarga de fluido hacia el conducto biliar y a menudo aparece repentinamente, pero en general tiene un buen pronóstico, no supurativa, que es recurrente y tiene un pronóstico reservado a malo y la linfocítica/linfoplasmocitaria, donde los linfocitos y células plasmáticas invaden y rodean la vena porta del hígado o la tríada portal (la vena porta, el conducto biliar y la arteria del hígado), y tiene un mal pronóstico debido a su naturaleza crónica de mayor duración y su tendencia a progresar a cirrosis del hígado.

     

    CCH supurativa

    Fiebre

    Hinchazón dolorosa del abdomen – debido al líquido que se acumula en el abdomen (ascitis)

    Piel amarilla y el blanco de los ojos de color amarillento

    Deshidratación

    Shock

     

    CCH no supurativa

    Agrandamiento del hígado (hepatomegalia)

    Falta de energía

    Falta de apetito (anorexia)

    Vómito CCH supurativa

     

    Infecciosas:

    Campilobacter

    Salmonela

    Leptospirosis

    No infecciosas:

    Sucede después de la obstrucción de los conductos biliares extra-hepáticos)

    Ocurre después del bloqueo de vesícula biliar

     

    CCH no supurativa

    Pueden no ser directamente causales, pero concurrentes:

    Inflamación u obstrucción de los conductos hepáticos fuera del hígado

    Inflamación de la vesícula biliar

    Cálculos biliares

    Inflamación del páncreas

    Enfermedad Inflamatoria Intestinal

    Inflamación del tejido del riñón a largo plazo

     

    SíNDROME COLANGITIS-COLANGIOHEPATITIS EN PERROS – DIAGNÓSTICO

    Su veterinario le hará un examen físico completo a su perro, teniendo en cuenta el historial de salud, aparición de los síntomas, y posibles enfermedades o incidentes que podrían haber llevado a esta condición. Algunos de los factores que colocan a un perro en riesgo de desarrollar CCH son la enfermedad inflamatoria intestinal, pancreatitis o una obstrucción de las vías biliares afuera del hígado.

    Los exámenes de laboratorio que se pueden realizar incluyen perfil bioquímico, hemograma completo y análisis de orina. Estos pueden reflejar anemia, enzimas hepáticas altas, bilirrubinuria (bilirrubina en la orina), y/o linfocitosis. También podrían reflejar cáncer, si éste causa la inflamación del hígado y/o la vesícula biliar. A menudo, se encuentran sedimentos de bilis, que pueden ser la causa del bloqueo de los conductos biliares.

    Si su veterinario sospecha de inflamación del páncreas, un análisis de sangre TLI (tripsina inmunoreactiva sérica – una enzima digestiva del páncreas) se puede tomar para la prueba de suficiencia pancreática. Se medirán los niveles de vitamina B12, los valores bajos indican problemas de absorción en el intestino delgado, o problemas de páncreas. También se realizarán pruebas de coagulación para verificar si la sangre coagula normalmente. Y la tiroxina, una glándula tiroides, puede ser analizada para descartar un tumor de tiroides.

    Las radiografías de tórax, abdomen y un ultrasonido abdominal se pueden utilizar para detectar cáncer y para visualizar el hígado, el páncreas y los riñones. Para un examen más visual, también se puede realizar una laparotomía. Este método utiliza una herramienta de diagnóstico llamado laparoscopio, un instrumento pequeño y flexible que se introduce en el cuerpo a través de una pequeña incisión. El laparoscopio está equipado con una pequeña cámara y una pinza de biopsia, por lo que su médico puede inspeccionar visualmente las paredes y los conductos del hígado y el páncreas, y tomar una muestra para biopsia. Para análisis de laboratorio adicionales, se puede tomar líquido del abdomen y muestras de células.

     

    SíNDROME COLANGITIS-COLANGIOHEPATITIS EN PERROS – TRATAMIENTO

    Si su perro tiene CCH supurativa, se administrarán antibióticos. Para la CCH no supurativa, se pueden administrar medicamentos inmunomoduladores y antibióticos. Si su perro tiene un linfoma (cáncer de los linfocitos), también puede considerarse la quimioterapia. Los antioxidantes pueden ser recetados junto con otros medicamentos para proteger el hígado (hepatoprotectores). Además se recomendarán suplementos de vitamina B y E, así como pueden utilizarse suplementos de vitamina K, si los tiempos de coagulación de la sangre no son normales.

    En algunos casos, puede indicarse una cirugía, por ejemplo, cuando una obstrucción en los conductos biliares evita que la bilis fluya normalmente. Para los casos más leves, su perro puede ser tratado de forma ambulatoria, pero si la deshidratación o desnutrición está afectando a su perro, o si su perro es incapaz de comer o beber, tendrá que ser colocado en un tubo de alimentación o una vía intravenosa hasta que su condición se estabilice.

    El tratamiento durará aproximadamente tres a cuatro meses, evaluando los niveles de enzimas hepáticas cada dos semanas. Si el tratamiento no parece estar funcionando después de cuatro semanas, su veterinario tendrá que repetir el cultivo de la bilis y tomar una biopsia de tejido hepático y fluido para su análisis.

     

    SíNDROME COLANGITIS-COLANGIOHEPATITIS EN PERROS – VIDA Y GESTIÓN

    Usted tendrá que regresar para chequeos regulares con su veterinario, especialmente si se producen signos nuevamente o si empeoran.

    Para la CCH no supurativa, a menudo se recomendarán inmunomoduladores de por vida, antioxidantes, y una terapia hepatoprotectora. Usted debe restringir la actividad de su perro durante el período de recuperación, y su veterinario le ayudará a crear un plan de comida fácil de digerir y alto en proteínas para su perro. Su veterinario también puede sugerir que complemente la dieta de su perro con vitaminas solubles en agua.

    Por otra parte, si su perro tiene enfermedad inflamatoria intestinal o inflamación del páncreas, es posible que tenga que ser alimentado con una dieta más especializada.

  • Absceso

    Absceso

    Infecciones cutáneas en perros

    Los problemas dermatológicos son muy habituales en la clínica veterinaria de animales de compañía y representan más del 20% de las consultas. En un estudio reciente, las infecciones bacterianas fueron la causa más frecuente de problemas cutáneos en perros y gatos. Así pues, es esencial que los veterinarios conozcan las presentaciones clínicas, diagnósticos y tratamientos de tales infecciones para proporcionar un alto estándar de atención veterinaria a sus clientes.

    Los microorganismos residentes en la piel son bacterias que se encuentran y pueden proliferar en una piel sana y normal. Entre éstos, los más comunes en perros y gatos son Micrococcus spp., estafilococos coagulasa negativos y positivos, estreptococos alfa-hemolíticos, Clostridium spp. y varios aerobios Gram (–).

    La flora residente varía con la zona corporal y el estrato de la piel. Sobre los tallos del pelo, los estafilococos se encuentran más distalmente (hacia las puntas), mientras que los organismos Gram (–) se encuentran más proximalmente (hacia el folículo). Staphylococcus intermedius es un microorganismo residente en las narinas, orofaringe y alrededor del ano de los perros. Si se elimina el S. intermedius de los puntos de origen en las mucosas, la población cutánea disminuye drásticamente indicando que el S. Intermedius es sólo un organismo transitorio sobre la piel.

     

    Microorganismos frecuentemente observados en enfermedades cutáneas bacterianas

    El organismo más frecuentemente involucrado en las infecciones bacterianas de la piel canina es, sin duda alguna, Staphylococcus intermedius. Las bacterias Gram (–), por su parte, cobran mayor importancia en las infecciones profundas.

     

    Staphylococcus spp.

    En un estudio reciente en el que se evalúa la pioderma bacteriana en más de 100 perros, S. Intermedius se aisló aproximadamente en la mitad de los perros y en más de una tercera parte de los pacientes fue el único organismo cultivado. Sin embargo, se han mencionado otros estafilococos coagulasa positiva en los perros. Staphylococcus aureus es la especie más relevante en medicina humana, pero también se puede aislar en ocasiones en los perros. En algunos laboratorios las especies de estafilococos no son identificadas y los cultivos aislados se consideran como estafilococos coagulasa-positivos. Sin embargo, a la luz de los estafilococos multirresistentes y de la posible transmisión de tales organismos de los humanos a sus animales de compañía, o viceversa, la identificación de especies resulta cada vez más importante.

    En el pasado, los estafilococos coagulasa-positivos no fueron considerados como organismos patológicos, pero S. epidermidis, S. xylosus, S. Simulans y S. Hominis han sido aislados a partir de piodermas en perros. Los estafilococos pueden aislarse de la piel y del pelo de perros y gatos sanos y, por lo tanto, un cultivo positivo no es necesariamente indicativo de una participación de esta bacteria en la enfermedad.

    Los estafilococos producen un número de sustancias relevantes para el desarrollo de un proceso patológico infeccioso en la piel. Las toxinas estafilocócicas, especialmente la proteína A y la enterotoxina C, regulan las moléculas de adhesión a los queratinocitos y facilitan la adherencia de las bacterias, un prerrequisito indispensable para la infección. Además, pueden servir como superantígenos, de manera que pueden activar a los linfocitos T de forma no específica y conducir a una respuesta inmune exagerada y, por lo tanto, a una grave inflamación de la piel.

     

    Bacterias Gram (–) spp.

    Las bacterias Gram (–) anaeróbicas o anaeróbicas facultativas no suelen ser determinantes en las infecciones bacterianas superficiales. En cambio, en las infecciones profundas, estos organismos cobran más importancia. Aunque los estafilococos pueden causar infecciones de tejido profundo (típicamente como consecuencia de una infección superficial previa), también pueden verse involucradas otras bacterias. En un estudio reciente que evaluaba la pioderma profunda canina, en más del 30% de los de los perros se cultivaron los organismos Gram (–) y en más del 10% éstos fueron exclusivamente responsables de la infección. En los abscesos por mordisco, se identifican frecuentemente miembros de la flora oral, tales como Pasteurella multocida, pero también pueden verse involucrados anaerobios tales como Fusobacterium, Bacteroides, Clostridium, Peptostreptococcus y Orphyromonas spp.

     

    Infecciones cutáneas

    Los perros y gatos sanos no desarrollan fácilmente infecciones cutáneas. La barrera cutánea y el sistema inmunitario son pilares de un sistema de defensa del huésped muy eficaz. Cuando se produzca una infección dérmica, es probable que se deba a que uno o ambos de estos mecanismos de defensa son defectuosos. El trauma físico es la razón más común para alterar su función de barrera y las consecuencias frecuentes de tal trauma son los abscesos y las infecciones de tejidos profundos. Enfermedades tales como la seborrea primaria, adenitis sebácea o la dermatitis atópica en los perros, o una severa malnutrición con ingestión insuficiente de ácidos grasos, también pueden poner en peligro la barrera cutánea.

    El sistema inmunitario puede no estar completamente maduro en los cachorros y perros jóvenes, lo que favorece la aparición de enfermedades tales como el impétigo, especialmente cuando la nutrición no es óptima o existe un endoparasitismo grave. El estrés también puede ser inmunosupresor y en algunos animales puede contribuir al desarrollo de infecciones cutáneas. La inmunosupresión debida a enfermedades endocrinas, tales como el hipotiroidismo o hiperadrenocorticismo, aparece más en perros de mediana edad o geriátricos. A pesar de esta multitud de factores predisponentes posibles, las causas más habituales de infecciones bacterianas secundarias en los animales de compañía son las hipersensibilidades. Por tanto, junto con cada infección cutánea se debería buscar e indagar una causa primaria subyacente y tratar de solucionarla junto con la terapia antimicrobiana para potenciar al máximo el éxito del tratamiento y evitar su recurrencia.

     

    Infecciones superficiales

    Las infecciones bacterianas superficiales de la piel son frecuentes, particularmente en los perros. Pueden clasificarse como impétigo, pioderma mucocutánea y foliculitis superficial.

    El impétigo de los perros es una enfermedad bacteriana causada por Staphylococcus y caracterizada por pústulas y collarines epidérmicos (escamas adherentes en forma de anillos que aparecen después de la ruptura de las pústulas) que afectan a las áreas ventrales, escasamente cubiertas por pelo, de los perros jóvenes.

    La pioderma mucocutánea es una infección bacteriana caracterizada por despigmentación, eritema, edema y/o formación de costras en las áreas mucocutáneas. La presencia o ausencia de prurito no es una pista clínica útil para diferenciar posibles hipersensibilidades o endocrinopatías como factores predisponentes.

    La foliculitis superficial es la infección bacteriana más común en los perros y se caracteriza típicamente por una infección de la parte superior del folículo capilar con S. Intermedius. La lesión clásica es una pequeña pústula con un pelo sobresaliendo en su centro (pústula folicular). Esto va precedido frecuentemente por una pápula folicular. Con el tiempo, los pelos se caen y las pústulas se convierten en collarines epidérmicos. En las enfermedades crónicas predomina la alopecia, la hiperpigmentación y la liquenificación. En los perros con pelo largo podrían pasarse por alto las lesiones iniciales, y un pelo sin brillo con un incremento en las escamas (como resultado de los collarines epidérmicos) podría ser la primera señal clínica.

     

    Infecciones profundas

    Las piodermas profundas son infecciones bacterianas graves que afectan a tejidos más profundos. Pueden ser el resultado de la progresión de una infección superficial insuficiente o inapropiadamente tratada o que, incluso, no recibió ninguna terapia en absoluto. Los microorganismos se extienden hacia la profundidad de los folículos capilares y, junto con la respuesta inflamatoria, causan una ruptura del epitelio folicular y pasan a la dermis y al subcutis. Las infecciones profundas que afectan a grandes áreas del cuerpo se asocian típicamente con una enfermedad subyacente, responsable de una alteración importante de la respuesta inmune. Además de la terapia antibacteriana, esta enfermedad subyacente primaria deberá identificarse y tratarse para conseguir la remisión de la infección. Sin embargo, si se detecta una infección profunda localizada, la causa más probable será un trauma, por ejemplo, el producido por un mordisco o un cuerpo extraño.

    Foliculitis, furunculosis y celulitis son típicamente una ampliación de una infección superficial.

    Normalmente, hay una enfermedad subyacente presente que hay que diagnosticar y tratar para conseguir unos buenos resultados a largo plazo. Las demodicosis o los queriones por dermatofitos se asocian frecuentemente con las infecciones bacterianas profundas.

    Los abscesos subcutáneos aparecen con mucha frecuencia en gatos, a menudo debidos a heridas por mordeduras. En perros, en cambio, los abscesos son más raros y, además de por heridas por mordedura, con frecuencia son causados por cuerpos extraños.

  • Golpe de calor

    Golpe de calor

    El golpe de calor es una reacción que se produce cuando sube la temperatura corporal de manera muy brusca y el organismo no es capaz de compensarla, lo que se traduce en una disfunción multiorgánica que puede provocar la muerte de tú mascota.

    Los principales síntomas del golpe de calor suelen aparecer cuando el perro supera los 42 ºC, pero también se observa un jadeo excesivo y una respiración acelerada. Es posible que se tambalee y llegue a tener convulsiones, incluso a perder la conciencia. Asimismo, pueden aparecer vómitos y diarrea.

    El golpe de calor es una urgencia médica que requiere una intervención inmediata para bajar la temperatura corporal, bien bañando al perro en agua a 20 ºC o aplicando hielo en las ingles y axilas.

    Los animales más sensibles son los más jóvenes y los más mayores, que soportan peor las altas temperaturas, así como los obesos y braquicéfalos (muy chatos), que tienen más dificultades respiratorias y más problemas para enfriar su temperatura corporal.

    Para prevenir el golpe de calor se deben tomar algunas precauciones, sobre todo en verano:

    – Que disponga siempre de agua fresca.

    – No dejar a los perros encerrados en lugares calurosos, ¡nunca en el coche!

    – No hacer ejercicio intenso los días de mucho calor.

    – Cuando viajemos, hacer paradas para que el perro pueda descansar a la sombra y beber agua.

    Si a pesar de todo, tu perro sufre un golpe de calor y lo supera, debes llevarlo al veterinario para descartar que hayan quedado secuelas en algún órgano.

     

  • Cistitis canina

    Cistitis canina

    Los riñones producen la orina que llega a través de unos tubos, los uréteres, hasta la vejiga urinaria. La orina se elimina desde la vejiga al exterior del cuerpo a través de otro tubo, la uretra, mediante la micción (proceso por el que la vejiga urinaria se vacía de orina cuando está llena)

    La cistitis es la inflamación de la vejiga urinaria que es el órgano que almacena la orina. Puede estar producida por infección, cristales en orina, obstrucción o golpes, por ejemplo.

    Normalmente la vejiga de la orina es capaz de acumular una cantidad limitada de orina, si las paredes de la vejiga se inflaman, la vejiga almacena menos cantidad y aumenta el número de veces que hay que orinar. Se orina mucha más veces pero en menor cantidad.

    En la cistitis puede aumentar la sensación de ganas de orinar y a veces los animales llegan a orinar dentro de la casa.

     

    ¿Por qué se produce la cistitis?

    La causa más frecuente de una cistitis es la infección. Aparecen bacterias que llegan a la vejiga por la uretra (la uretra es el conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior). Las bacterias se multiplican y producen esta infección.

    Cualquier causa que haga que se retenga orina y se orine menos puede favorecer que aparezca una cistitis. Los urolitos o cálculos son piedras pequeñas que se forman en el tracto urinario y pueden ser la causa de una cistitis. Existen distintos tipos de cálculos según su composición. Los más comunes son los de estruvita y los de oxalato de calcio.

    Los problemas del tracto urinario son problemas muy frecuentes y graves en los gatos. La Enfermedad del Tracto Urinario Inferior Felino se conoce popularmente como FUS y es siempre una urgencia veterinaria. En esta enfermedad los gatos tienen dificultades para orinar, incluso llegan a no poder orinar.

    Síntomas

    · Aumento del número de veces que se orina
    · Orina en cantidades pequeñas
    · Dolor al orinar
    · Esfuerzo para orinar
    · Sangre en orina

    Diagnóstico

    El veterinario le preguntará sobre los síntomas que observa y realizará un chequeo físico. Además, se analizará una muestra de orina para ver la presencia de sangre, pus, cristales, células o bacterias.
    · Síntomas
    · Análisis de orina
    · Cultivo y antibiograma
    · Radiografías
    · Ecografía

    Tratamiento

    Dependiendo de la causa y de lo que indiquen las pruebas (ecografía, análisis de orina, etc) se usarán unos medicamentos u otros.
    Siempre debe eliminarse cualquier problema que pueda favorecer que ocurra la enfermedad. Si la cistitis está producida por cálculos o cristales puede ser necesario usar dietas especiales para eliminarlos.

    Urgente

    Los problemas urinarios en gatos son siempre una urgencia y deben ser tratados de inmediato.

    Un gato que no puede orinar o que va a su cajón muchas veces (orina poco y a menudo) debe acudir urgentemente a su veterinario.

  • Artrosis canina

    Artrosis canina

    ¿Su perro ya no disfruta haciendo ejercicio?, ¿le cuesta realizar movimientos cotidianos como subir escaleras o tumbarse? La edad avanzada y el sobrepeso conllevan cierta restricción de los movimientos y pérdida de calidad de vida pero en ningún caso han de existir síntomas de sufrimiento y dolor.

     

    ¿QUÉ ES LA ARTROSIS CANINA?

    La artrosis en los perros, como en las personas, es una enfermedad degenerativa de las articulaciones que es progresiva y causa dolor en las mismas.

    A medida que avanza el proceso se degrada el cartílago que recubre el interior de la articulación e incluso el propio hueso. Las articulaciones afectadas pierden elasticidad, provocan dolor e impiden que el animal se mueva con normalidad, disminuyendo sustancialmente su calidad de vida.

    Una vez aparece la artrosis, si no se instaura lo antes posible un programa para el manejo del dolor que impida además la progresión de la enfermedad, el proceso empeorará inevitablemente, complicando el tratamiento de los síntomas y haciendo cada vez más difícil y dolorosa la vida de su perro.

     

    ¿QUÉ ANIMALES ESTÁN MÁS EXPUESTOS?

    La artrosis canina es frecuente en perros de edad avanzada, independientemente de su raza y sexo. Pero realmente cualquier perro a cualquier edad puede sufrir dolor debido a la artrosis.

    La edad en sí no es la causante de la enfermedad, si no que ésta se produce generalmente como consecuencia de un desgaste anormal que sufren los cartílagos articulares con el paso del tiempo a causa de una alteración preexistente (displasia, traumatismos, cirugía articular, sobreesfuerzo articular, etc.).

    De hecho la artrosis canina puede darse también a edades más tempranas, con posterioridad a algún traumatismo, o bien en aquellos perros que padecen algún tipo de malformación hereditaria.

    Por otra parte, los perros que padecen obesidad son más proclives a sufrir artrosis por sobrecarga continuada de las articulaciones.

     

    ¿CUÁLES SON LOS SIGNOS QUE DEBEN ALERTARNOS?

    El dolor en las articulaciones y, por ello la rigidez y dificultad, la cojera e incluso intolerancia al movimiento en los estadios más avanzados de la artrosis canina, son síntomas indicativos de la enfermedad.

    La artrosis canina merece especial atención por su elevada frecuencia, por el dolor que causa al animal y, por tanto, por la merma de su calidad de vida. Pero no siempre es fácil para usted, como propietario, detectar la artrosis en su perro, máxime en los primeros estadios de la enfermedad.

    No olvide que en todo caso que es el veterinario quien debe diagnosticar finalmente la presencia de esta enfermedad e instaurar el tratamiento personalizado más adecuado para devolver a su mascota la movilidad y la calidad de vida perdidas.

    Usted se ha de realizar tan sólo unas breves preguntas para conocer la probabilidad que tiene nuestro perro de padecer artrosis:

     

    ¿Su perro se cansa durante los paseos?

     

    ¿Le cuesta levantarse tras estar sentado o tumbado?

     

    ¿Cojea o esta rígido después de realizar algún tipo de actividad?

     

    Más concretamente, ¿le cuesta subir o bajar escaleras?

     

    ¿Considera que su perro ha perdido movilidad?

     

    ¿ES POSIBLE CURAR LA ARTROSIS CANINA?

    Lamentablemente no existe curación para la artrosis canina. Sin embargo usted no debe asumir que su perro ha de convivir con el dolor y los signos asociados al mismo.

    La medicina veterinaria moderna puede hacer mucho por la mejora de la calidad de vida de los perros enfermos. Para ello es fundamental la instauración lo antes posible de un Programa integral personalizado de control de la artrosis canina

    Durante el Programa integral de control de la artrosis canina usted y su veterinario deberán trabajar juntos para ayudar a su perro de la manera más eficaz a recuperar una vida plena, activa y placentera, mediante la selección de los objetivos y métodos más adecuados en cada caso.

    El objetivo final del programa de tratamiento de la artrosis canina es mantener la calidad de vida del perro enfermo tanto como sea posible, retrasando a máximo el avance de la enfermedad.

    El Programa de control de artrosis canina debe estar orientado a:

     

    1. Aliviar el dolor y disminuir la inflamación.

    El empleo de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para el control del proceso es clave porque mejora la calidad de vida del perro con artrosis y además porque el propio dolor contribuye al empeoramiento dela enfermedad.

    Efectivamente la exposición repetida a estímulos del dolor conduce a la llamada sensibilización central, que se produce a nivel de medula espinal. Con su aparición cada vez que se produce un estímulo doloroso el perro incrementa su percepción de dolor.

    La sensibilización central está a su vez implicada en la inflamación de la articulación y la patología articular, con lo que su aparición contribuye a la progresión de la artrosis.

    El tratamiento de la artrosis realizado en periodos cortos e intermitentes con AINES de administración diaria cuando se producen los picos de dolor contribuye a la aparición del fenómeno de sensibilización central y a la larga agrava la progresión de la artrosis. Sin embargo, actualmente su veterinario puede prescribirle AINE que se administran de manera continuada y que posibilitan el control continuo y a largo plazo del dolor, clave para prevenir el proceso de sensibilización central, lo que permitirá a su perro tener una vida más activa y mejor.

     

    2. Reducir la carga sobre las articulaciones.

    Ya que ésta agrava el dolor y empeora la artrosis. Su veterinario le ayudará a reducir y controlar el exceso de peso corporal ya que éste origina sobreesfuerzo en todas las articulaciones del organismo. En algunos perros simplemente corrigiendo el peso corporal, desaparece el dolor y se consigue la normalidad clínica.

     

    3. Conseguir y mantener unas articulaciones móviles.

    Para ello se debe instaurar un programa de ejercicio o movilidad controlada bajo la supervisión de su veterinario. Tenga en cuenta que demasiado ejercicio, o si este no es el apropiado, puede empeorar la situación al incrementar la presión sobre las articulaciones.

     

    ¿PODEMOS PREVENIR LA ARTROSIS CANINA?

    La prevención de la artrosis canina es posible y también la ralentización de su evolución una vez aparece la enfermedad.

     

    Siga algunos consejos prácticos

    Alimente adecuadamente a su perro para evitar carencias nutricionales y sobrepeso. Los perros con sobrepeso u obesidad someten a sus articulaciones a un sobreesfuerzo continuado acelerando la degeneración progresiva de las mismas y la aparición del dolor que conlleva la artrosis. Es importante seguir un plan adecuado de alimentación bajo la supervisión de su veterinario. Solo así podrá estar seguro de que la alimentación de su perro es la correcta para su raza, edad y estado fisiológico.

    Su perro ha de realizar un ejercicio adecuado a su condición y estado fisiológico, pues le ayuda a controlar el peso, a evitar la obesidad, a tonificar y aumentar su musculatura y a mantener móviles y sanas sus articulaciones. Es más aconsejable que su perro realice un ejercicio regular y suave a diario, que someterle de forma puntual (fines de semana) a esfuerzos mayores (carreras, largas caminatas).

    Las necesidades de ejercicio varían en cada caso. Su veterinario le ayudará a instaurar el programa de ejercicio más adecuado a la raza, tamaño y edad de su perro.

    Cumpla con las revisiones rutinarias establecidas por su veterinario. El, mejor que nadie, le ayudará a prevenir o instaurar, si la artrosis ya está presente, un Programa integral personalizado de control de la artrosis canina.

     

    ELEGIR UN TRATAMIENTO EN LA ARTROSIS

    Una vez diagnosticada la artrosis debemos plantearnos el tratamiento de la enfermedad.

    Este tratamiento no solo debe realizarse teniendo en cuenta el grado de artrosis y la tendencia a aumentar sino también el nivel de dolor e incapacidad funcional que la enfermedad produce a cada paciente en ese momento y el pronóstico de futuro dolor y pérdida de función que esperamos.

    El tratamiento va a ir destinado por un lado a retrasar la evolución de la enfermedad y sus síntomas y por otro lado a aliviar el dolor y proporcionar bienestar y buena calidad de vida al paciente.

    Cuando hablamos de tratamiento de la artrosis canina no nos referimos a un único producto, sino siempre a un tratamiento multimodal, es decir, con varios productos y desde distintos aspectos y enfoques, incluyendo generalmente el uso de antiinflamatorios analgésicos, de los llamados condroprotectores o más correctamente Agentes modificadores de la osteoartrosis (DMOADs), dieta articular y medidas de control de peso y de comportamiento o actividad.

    Tan importante como elegir el tipo de tratamientos que vamos a emplear es elegir muy bien el producto o productos concretos que vamos a utilizar, ya que existen en el mercado gran variedad de productos que a primera vista podrían parecernos semejantes y sin embargo pueden ser muy distintos y tener una eficacia muy variable.

    En este sentido es fundamental informarse de los estudios científicos que respalden el uso, la eficacia y la seguridad de cada producto. Debemos elegir aquellos productos que tengan un respaldo científico real, que hayan demostrado su efectividad en estudios bien realizados, con alto valor de evidencia. Y al mismo tiempo, debemos rechazar aquellos productos que carecen de esa evidencia y tan sólo ofrecen propaganda de sus supuestos beneficios para la salud.

  • Sarna canina

    Sarna canina

    La sarna sarcóptica es una enfermedad que se debe tener en cuenta en cualquier paciente que muestre prurito intenso. Su presentación puede estar enmascarada por diferentes tratamientos, por lo que hay que aplicar diversas técnicas diagnósticas.

    La sarna sarcóptica se ha asociado tradicionalmente a mascotas de ámbito rural o que se mantienen en condiciones sanitarias deficientes. Por tanto, se sospechaba que padecían esta enfermedad parasitaria principalmente perros de caza o cachorros procedentes de criaderos o tiendas donde la salubridad era deficiente. En la actualidad este perfil de paciente tipo no se debería aplicar en todos los casos, ya que la sarna sarcóptica se diagnostica a menudo en pacientes de entornos urbanos en condiciones higiénico-sanitarias óptimas. Del mismo modo, el cuadro clínico a menudo no presenta el aspecto clásico, ya que el diagnóstico precoz y/o el enmascaramiento ocasionado por terapias concomitantes antipruriginosas, pueden distorsionar en gran medida el cuadro lesional.

    En este artículo haremos un breve recorrido por la etiopatogenia, el cuadro clínico, el diagnóstico y el tratamiento de la sarna sarcóptica canina y pondremos especial énfasis en la inclusión de esta enfermedad en el diagnóstico diferencial de todo proceso cutáneo que curse con prurito intenso, independientemente del origen o hábitat del animal afectado.

     

    Etiopatogenia

    La sarna sarcóptica es una dermatosis parasitaria contagiosa producida por el ácaro Sarcoptes scabiei var. canis. Este ácaro tiene un tamaño de 200 a 400 micras, y presenta un marcado dimorfismo sexual: las hembras son de tamaño sensiblemente mayor que los machos. En los dos pares de patas anteriores tiene largos pedúnculos no articulados con ventosas terminales, mientras que los dos pares de patas posteriores no se extienden fuera de los márgenes del cuerpo (figura 1). La duración de su ciclo biológico es de 12 a 15 días, durante los cuales se alimenta de detritus cutáneos en la superficie córnea de la epidermis. Las hembras grávidas excavan galerías en el estrato córneo superficial, donde depositan los huevos. Tras eclosionar, las larvas se dirigirán de nuevo a la superficie epidérmica

    para realizar la muda. La vida media de Sarcoptes en el medio ambiente es muy reducida, y depende de las condiciones climáticas, pero habitualmente es de 2 o 3 días. Por tanto la transmisión suele ser directa, a partir del contacto estrecho con animales enfermos, aunque es posible también la transmisión indirecta o por fómites, en ambientes donde la densidad del parasito sea muy elevada.

    La sarna sarcóptica es capaz de producir reacciones de hipersensibilidad de tipo I, III y IV en el hospedador. Este mecanismo de hipersensibilidad parece ser la causa fundamental del prurito, lo que explicaría que a menudo un número muy reducido de ácaros pueda ser responsable de un cuadro con un prurito extremo.

    Desde el punto de vista zoonótico la sarna sarcóptica es una enfermedad transmisible, si bien los ácaros no pueden reproducirse sobre la piel humana, debido a su incapacidad para excavar galerías sobre ésta. De este modo, las personas afectadas presentarán cuadros papulares pruriginosos en el tronco y/o extremidades, que a menudo cursan de modo pasajero, y es un proceso presumiblemente subdiagnosticado con frecuencia.

     

    Cuadro clínico

    El síntoma predominante en sarna sarcóptica canina es un prurito muy intenso. El animal afectado se muerde, se lame y se rasca de modo insistente y, en muchos casos, no puede efectuar tareas cotidianas como alimentarse, pasear o dormir, sin tener que realizar frecuentes interrupciones para rascarse.

    Las lesiones se localizan regularmente en zonas de poca densidad capilar o zonas glabras, como los bordes de los pabellones auriculares, los codos, los tarsos, las ingles y la región esternal.

    Las lesiones primarias son de tipo papular y van acompañadas de eritema difuso y costras superficiales y adherentes. No obstante, debido al autotraumatismo severo, a menudo las lesiones secundarias son predominantes, en forma de alopecia, erosiones, excoriaciones, liquenificación e hiperpigmentación, estas últimas en los casos más crónicos, que a menudo se ven complicados con pioderma superficial y/o sobrecrecimiento por Malassezia pachydermatis.

    En la bibliografía es frecuente encontrar casos muy avanzados donde la alopecia y la hiperpigmentación son muy acusadas y extensas; este aspecto “típico” es hoy en día muy inusual en la práctica clínica diaria, debido principalmente a la precocidad en el diagnóstico y a la aplicación de productos con eficacia parcial como el fipronil. Por tanto, nunca deberíamos descartar una sarna sarcóptica en nuestro diagnóstico diferencial porque no presente el aspecto clínico clásico.

     

    Diagnóstico diferencial

    Se deben incluir en el diagnóstico diferencial todos los procesos cutáneos que cursen prurito, como síntoma principal:

    Dermatitis atópica canina (DAC).

    Reacción adversa a alimentos (RAA).

    Dermatitis alérgica a la picadura de pulgas (DAPP).

    Pioderma superficial.

    Dermatitis por Malassezia.

    Pruebas diagnósticas

     

    El diagnóstico se cimenta en cuatro pilares fundamentales.

     

    Anamnesis y reflejo otopodal

    En la anamnesis debemos recopilar todos los datos posibles sobre el hábitat del animal afectado, así como visitas a lugares donde el contagio de esta enfermedad sea más habitual (como albergues, peluquerías o exposiciones caninas), y la posible presencia de lesiones en los propietarios.

     

    En los perros afectados de sarna sarcóptica se observa reflejo otopodal positivo: en el 80% de los casos el perro intenta rascarse con la pata trasera cuando se frota el pabellón auricular ipsilateral. Esta prueba es solo indicativa y nunca debe servir para confirmar el diagnóstico, ya que a menudo otras entidades pruríticas como dermatitis atópica, pueden presentar también reflejo otopodal positivo.

     

    Raspados cutáneos múltiples

    Se deben realizar un mínimo de cinco raspados cutáneos superficiales y extensos, en las zonas donde es más probable localizar al parásito:

    Márgenes auriculares y zona del pliegue del bolsillo de Henry.

    Codos y tarsos.

    Lesiones papulares recientes no traumatizadas.

    Aun en el caso de que la selección del lugar de raspado sea la idónea, hasta en el 50-75% de los casos el resultado puede ser negativo en animales parasitados por Sarcoptes. Por tanto, la visualización del parásito adulto, formas inmaduras, huevos o deyecciones en el raspado es un hallazgo diagnóstico suficiente para la confirmación del diagnóstico presuntivo de sarna sarcóptica, pero el hecho de que el resultado del raspado sea negativo, no descarta la enfermedad en ningún caso.

     

    Diagnóstico mediante ensayo terapéutico

    A menudo, si la sospecha clínica lo demanda, es necesario realizar un ensayo terapéutico con un acaricida de eficacia contrastada para descartar con absoluta certeza la posibilidad de que el paciente padezca sarna sarcóptica.

     

    Serología ELISA para IgG frente a Sarcoptes

    Actualmente esta técnica presenta un elevado nivel de sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de sarna sarcóptica. Es importante considerar que para optimizar el resultado de la serología, el animal debe padecer sarna sarcóptica desde hace 3 o 4 semanas como mínimo, ya que de lo contrario el nivel de IgG puede no ser detectable y dar como resultado un falso negativo. Su empleo también es interesante para realizar el seguimiento del tratamiento de la enfermedad, ya que si éste es exitoso se producirá un descenso del título de anticuerpos en 1-3 meses.

     

    Tratamiento

    Siempre debemos aplicar el tratamiento a todos los animales que compartan hábitat, independientemente de las manifestaciones clínicas de cada uno de ellos en el momento del diagnóstico.

    Tradicionalmente se han empleado lactonas macrocíclicas inyectables, como ivermectina o moxidectina, destinadas a animales de abasto, a dosis de 300 µg/kg cada 15 días en tres aplicaciones. Es importante destacar que esta presentación carece de registro para su empleo en animales de compañía y por tanto, dado que existen alternativas de eficacia probada y registrada para su empleo en pequeños animales, su administración es desaconsejable.

    Hoy en día el tratamiento de elección es el empleo de productos spot-on:

    Selamectina, a dosis de 6 mg/kg en 3 aplicaciones cada 21 días.

    Moxidectina al 2,5% junto con imidacloprid al 10%, tres aplicaciones mensuales.

    Ambas presentaciones tienen licencia e indicación para tratar la sarna sarcóptica canina y son, en general, muy bien toleradas, incluso en animales jóvenes (a partir de 6 semanas) o razas sensibles a las avermectinas como Collie, Pastor Inglés o sus cruces.

    El tratamiento del ambiente sólo suele ser necesario en colectividades, para evitar la reinfestación, y hay que poner el foco de nuestra actuación en la eliminación del material potencialmente contaminado como camas, cepillos o alfombras.

  • Prostata

    Prostata

    La próstata es una glándula sexual accesoria en los perros machos. Se localiza en la parte posterior de la vejiga rodeando la uretra (conducto por el cual la orina sale de la vejiga). Produce un líquido cuya función es transportar los espermatozoides. La próstata requiere la presencia de hormonas masculinas para crecer y mantener su tamaño. Las hembras no tienen próstata. La enfermedad más frecuente de la próstata en los perros se llama hiperplasia prostática benigna. También son frecuentes la aparición de quistes, abscesos (acumulación de pus en el interior de la próstata), tumores o infecciones (prostatitis).

     

    Infecciones de la próstata

    Las enfermedades infecciosas de la próstata en el perro o prostatitis se refieren a procesos inflamatorios producidos por bacterias. El absceso prostático aparece como una acumulación de pus. Normalmente las infecciones se producen por la llegada de microorganismos por el conducto de la orina.

    Los perros que padecen prostatitis bacteriana suelen ser de mediana edad o mayores.

    Los animales frecuentemente aparecen decaídos, tienen fiebre y presentan goteo de sangre o pus independientemente de la micción, además de otros síntomas.

    Para diagnosticar estos problemas muchas veces será necesario además de explorar la próstata a través del recto, recurrir a las técnicas de diagnóstico por imagen como la radiología o la ecografía para poder llegar a un diagnóstico. También pueden ser necesarios los análisis de sangre y orina.

    En el tratamiento se usarán antibióticos y según el caso habrá que recurrir a la cirugía.

     

    Hiperlapásia benigna de la próstata

    La hiperplasia prostática benigna se presenta en perros no castrados (ya que como hemos dicho, su crecimiento depende de la presencia de hormonas masculinas) y de mediana edad o viejos.

    Es un crecimiento de la próstata relacionado con la edad del perro y en la mayoría de los casos no aparecen molestias. Puede aparecer dificultad en la defecación y en la micción, Pueden verse también en estos animales goteo de orina o de sangre independientemente del acto de orinar.

    La hiperplasia prostática benigna se presenta en perros no castrados (ya que como hemos dicho, su crecimiento depende de la presencia de hormonas masculinas) y de mediana edad o viejos.

    Es un crecimiento de la próstata relacionado con la edad del perro y en la mayoría de los casos no aparecen molestias. Puede aparecer dificultad en la defecación y en la micción, Pueden verse también en estos animales goteo de orina o de sangre independientemente del acto de orinar.

     

    Quistes prostáticos

    Un quiste es una acumulación de líquido en la próstata. Puede aparecer un único quiste o varios. Cuando aparecen producen problemas al orinar.

    En su diagnóstico es muy útil la ecografía. Si producen muchos problemas puede ser necesaria la extirpación quirúrgica de los quistes y la castración.

     

    Tumor de próstata

    El cáncer de próstata se presenta con igual frecuencia en perros castrados y no castrados. Suele afectar a razas medianas o grandes y con una edad superior a los ocho años.

    Con al enfermedad aparece dificultad para defecar y orinar, incontinencia urinaria, decaimiento y pérdida de apetito. La palpación a través del recto muestra una próstata aumentada de tamaño pero suele ser un aumento asimétrico, distinto al que aparece en la hiperplasia benigna.

    El análisis de orina puede mostrar sangre, pus y células malignas. La ecografía y las radiografías colaboran en el diagnóstico.

  • Piometría

    Piometría

    La piometra es una enfermedad originada por una infección en el útero y acumulación de secreciones y pus en su interior. Es muy frecuente en las perras que han alcanzado la madurez sexual. También afecta a las hembras de gato, conejo, hurón y cobaya, es muy poco frecuente en la especie humana. Se trata de una enfermedad grave de inicio súbito y consecuencias potencialmente mortales si no se trata a tiempo, por lo que puede considerarse una urgencia. Debido a que ocurre en un órgano que se encuentra en la cavidad abdominal, se ha comparado con la apendicitis pues en ambos procesos se produce acumulación de pus en el interior de un órgano hueco.

    Fisiología del ciclo estral 

    Las perras alcanzan la pubertad entre los 6 y 12 meses, momento en que presentan su primer periodo de celo. Este se repite a partir de entonces con intervalos que oscilan entre 4 y 12 meses, siendo la media cada 6 meses.

     

    El ciclo completo se divide en 4 fases que reciben los nombres de anestro, proestro, estro y diestro también llamado metaestro.

     

    Anestro. Es el período más largo, dura alrededor de 4 meses y no existe actividad sexual.

    Proestro. Esta fase es la previa al celo y dura entre 7 y 10 días. Existe secreción sanguinolenta por la vagina. La perra no acepta al macho.

    Estro. Es el periodo de celo. La hembra es fértil, atrae al macho y lo acepta. La vulva se vuelve turgente. Durante esta fase se produce la ovulación. El momento más propicio para que quede preñada es el día 12 desde el comienzo del sangrado.

    Diestro. Dura unos 60 días. La hembra rechaza al macho de nuevo, la vulva disminuye de tamaño y a veces expulsa a través de la vagina un flujo mucoso. Los cambios se originan por un predominio en la secreción de la hormona progesterona. Durante esta fase el animal es susceptible de presentar piometra.

     

    Causas

    La piometra es la consecuencia de los cambios que sufre el útero en el metaestro (periodo posterior al celo). Puede ocurrir a cualquier edad una vez alcanzada la fertilidad, aunque es más común a medida que el animal se hace mayor. El momento de riesgo máximo para su aparición es entre la 6a y 8a semana después del inicio del celo. Normalmente durante esta fase el cuello del útero que ha permanecido abierto durante el celo comienza a cerrarse y el endometrio vuelve a su estado habitual.

    Sin embargo puede ocurrir una hiperplasia endometrial quística como una inadecuada respuesta a la secreción de la hormona progesterona que tiene lugar en este periodo, lo que significa que la zona más interna de la pared del órgano aumenta excesivamente de grosor y se forman quistes. En esta situación, las bacterias que han emigrado al útero procedentes de la vagina, encuentran unas condiciones favorables para su crecimiento. Además la progesterona disminuye la contractibilidad del útero y aumenta la secreción de moco lo que facilita el cierre del cérvix y dificulta el drenaje del órgano.

    El cierre del cérvix en un factor importante en la gravedad de la enfermedad. Si este permanece abierto las secreciones producidas por la infección pueden ser expulsadas, lo que facilita la curación. Esto se llama piometra abierta. Por el contrario si el cuello del útero permanece totalmente cerrado, el pus y las secreciones no pueden ser expulsadas a través de la vulva por lo que se acumulan y el útero se distiende. Es lo que se conoce como piometra cerrada. En estas circunstancias no es raro que el útero puede llegar a romperse y la infección se disemine dentro de la cavidad peritoneal produciendo una peritonitis que puede ser mortal.

     

    Síntomas

    Suelen aparecer varias semanas después de la época de estro (celo). En las perras, los signos y síntomas más frecuentes son :

    Descarga vaginal que puede ser sanguinolenta o purulenta (con pus) y está presente en el 85% de los casos.

    Letargia en el 62%.

    Inapetencia en el 42%,

    Poliuria y polidipsia (sed excesiva) en el 28%.

    Menos usual es la presencia de diarrea, nicturia (micción nocturna) y agrandamiento abdominal.

     

    Si la enfermedad sigue evolucionando, el animal puede llegar a estado de shock circulatorio, como consecuencia de septicemia (presencia de bacterias en la sangre), toxemia (toxinas en la sangre), insuficiencia renal y peritonitis.

     

    Tratamiento

    El tratamiento de elección es quirúrgico. Se realiza una intervención que consiste en la extirpación de los ovarios y el útero. Previamente puede ser necesario administrar tratamiento antibiótico y la infusión de suero para mejorar la situación del animal y combatir la deshidratación.

    En un número reducido de casos se puede realizar tratamiento con antibióticos y prostaglandinas (sustancia que aumenta la contracción uterina), lo cual permite evitar la cirugía y mantener la capacidad reproductiva; pero esta opción solo es aplicable en casos seleccionados en que la situación general es buena y cuándo sea piometra abierta.

  • Pioderma

    Pioderma

    El enfoque terapéutico de la pioderma profunda conlleva la administración sistémica de antibiótico de manera prolongada, así como una terapia tópica a base de baños con un champú antiséptico. Si se presentan recidivas, es necesario averiguar la causa subyacente que las origina.

    Las infecciones bacterianas de la piel constituyen una de las causas más frecuentes de enfermedad cutánea en el perro. Un alto porcentaje de casos de pioderma en el perro están asociados con bacterias del género Staphylococcus, entre las que destacan Staphylococcus pseudintermedius y con menor frecuencia Staphylococccus chleiferi y Staphylococcus aureus. Otras bacterias que pueden estar implicadas en la pioderma son Streptococcus, Enterococcus, Pseudomonas aeruginosa, Proteus mirabilis, Escherichia coli, Enterobacter y, ocasionalmente, Actinomyces, Nocardia y Micobacterium.

    De acuerdo con la profundidad de la infección y la naturaleza del proceso inflamatorio, la pioderma puede ser de superficie (afecta al estrato córneo y a las capas más externas de la epidermis), superficial (involucra la epidermis y los anejos epiteliales en la parte superior de la dermis) y profunda (implica la dermis y el tejido adiposo subyacente). La pioderma profunda (foliculitis, forunculosis, celulitis) es menos frecuente que la pioderma superficial y es necesario para su resolución un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado y prolongado. 

    Signos clínicos

    La pioderma profunda puede ser generalizada o localizada en distintas regiones: interdigital, barbilla, anal, callos de apoyo, acral y nasal. 

    Los signos clínicos de la pioderma profunda consisten en zonas de eritema, pápulas, tumefacción, necrosis, bullas, hemorragias, abscesos, fístulas, supuración y costras. En ocasiones, los animales se encuentran decaídos y tienen fiebre. La analítica sanguínea puede mostrar leucocitosis, neutrofilia y linfopenia. 

    Diagnóstico

    El diagnóstico se realiza en función de una historia clínica completa y detallada, un minucioso examen clínico general y dermatológico y la realización de pruebas complementarias adecuadas. Estas pruebas incluyen la citología (inflamación piogranulomatosa constituida por macrófagos, neutrófilos, eosinófilos y células plasmáticas, junto, en ocasiones, con la presencia de bacterias intra y/o extracelulares), el cultivo y el antibiograma, con el fin de confirmar el diagnóstico y elegir el antibiótico apropiado, la histopatología generalmente con un valor diagnóstico orientativo, y la realización de pruebas hematológicas, bioquímicas y/o endocrinas con el fin de determinar la posible enfermedad subyacente. 

    Tratamiento

    El tratamiento más apropiado para la pioderma profunda requiere la combinación de una terapia antibiótica sistémica y una terapia tópica. 

    Antibioterapia
    Para que este tratamiento sea efectivo es necesario seleccionar el antibiótico apropiado, establecer la dosis más adecuada y mantener el tratamiento el tiempo necesario hasta la remisión de las lesiones. Para el tratamiento de la pioderma profunda se deben emplear antibióticos bactericidas, cuya elección se realizará en función de los resultados del cultivo y antibiograma. La duración del tratamiento será variable (4 a 12 semanas, o incluso más tiempo), manteniendo la terapia 2-3 semanas más una vez que hayan remitido los signos clínicos. 

    Los antibióticos que más se emplean en el tratamiento de la pioderma profunda son: cefalexina, cefadroxilo, cefovecina, amoxicilina-ácido clavulánico, clindamicina, enrofloxacino, marbofloxacino y orbifloxacino (tabla). No obstante, se recomienda realizar un cultivo y antibiograma con el fin de seleccionar el antibiótico más adecuado en cada caso. 

    Terapia tópica 
    Constituye un complemento a la terapia antibiótica sistémica, ya que reduce el número de bacterias superficiales, disminuye la probabilidad de recidivas, acelera el proceso de cicatrización y es beneficiosa en el tratamiento de infecciones por estafilococo resistente a la meticilina. 

    La aplicación de los agentes antimicrobianos sobre la piel puede realizarse en forma de champú, loción, pomada, gel, ungüento o spray. En la práctica los champús suelen ser los mas efectivos. Inicialmente es recomendable realizar los baños de forma frecuente (cada 2-3 días) y, posteriormente, con una periodicidad semanal como terapia de mantenimiento. El tiempo de contacto del producto con la piel será de 10 a 15 minutos. Se recomienda rasurar el pelo antes del baño, al menos, en la zona que vamos a tratar. 

    Los productos antibacterianos más eficaces son: el peróxido de benzoílo, la clorhexidina, la povidona yodada, el lactato de etilo y el triclosan. 
    • El peróxido de benzoílo, además de tener capacidad antimicrobiana, es queratolítico, desengrasante y comedolítico. 
    • La clorhexidina es un antiséptico de amplio espectro con actividad antibacteriana y antifúngica. 
    • La povidona yodada es un agente bactericida y fungicida con ligera actividad desengrasante. 
    • El lactato de etilo es un buen agente antibacteriano que se emplea a una concentración del 10%. 
    • El triclosan es un agente bactericida eficaz frente a Staphylococcus pseudintermedius. 

    Complicaciones 

    Entre los factores que impiden o dificultan la resolución de una pioderma profunda, destacan: 
    • Elección inapropiada del antibiótico. 
    • Dosis inadecuada del antibiótico. 
    • Duración incorrecta en cuanto al tiempo de tratamiento. 
    • Bacterias resistentes a los antibióticos (Staphylococcus sp resistente a la meticilina). 
    • Diagnóstico de pioderma erróneo. 
    • Factores externos: incumplimiento de la medicación por parte del propietario, pérdida de actividad del antibiótico como consecuencia de problemas gástricos, inactivación del producto por la alimentación o por una malabsorción, etc. 
    • Enfermedad cutánea subyacente no identificada, por ejemplo: demodicosis, enfermedad alérgica (dermatitis atópica, alergia alimentaria), hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo iatrogénico (especialmente asociado con un tratamiento prolongado de una enfermedad alérgica), leishmaniosis, alteraciones de la queratinización, neoplasia y estados de inmunodeficiencia (adquirida o congénita). 

    Recidivas
    En ocasiones, nos encontramos animales que responden favorablemente a la terapia antibacteriana de manera que remiten completamente sus lesiones y, sin embargo, al cabo de poco tiempo un nuevo episodio de pioderma vuelve a aparecer. Esto es lo que se conoce con el nombre de pioderma recidivante. Su presentación se debe a la existencia de alguna enfermedad cutánea subyacente que induce el sobrecrecimiento bacteriano y la infección. Su rapidez en cuanto a presentación y el número de episodios que puedan producirse al año va a depender del tipo y gravedad de la enfermedad subyacente, que va a alterar la barrera cutánea y va a provocar la infección. 

    A veces, cuando es difícil o no podemos identificar la causa subyacente, tenemos que recurrir a una antibioterapia mantenida a largo plazo utilizando diversos protocolos de administración. Así, una vez que hayamos conseguido la remisión completa de las lesiones, podemos: 
    a. Elegir un antibiótico con escasos efectos secundarios y con un bajo potencial para desarrollar resistencia, a una dosis y frecuencia inferior a la óptima terapeútica. Por ejemplo, si el paciente requiere 400 mg cada 12 horas de una cefalosporina, pasaremos a una administración de 200 mg cada 24 horas o en días alternos. 

    b. Realizar una terapia intermitente a la dosis óptima terapeútica que le corresponde al paciente, administrando el antibiótico unos días sí y otros no. Por ejemplo, si el paciente requiere 400 mg cada 12 horas de una cefalosporina, la administraremos al principio una semana sí y otra no, y si con el tiempo la infección está controlada podemos ampliar gradualmente el periodo de descanso (una semana sí, dos semanas descanso, etc.). 

    c. Administrar la terapia antibiótica a la dosis óptima terapeútica, exclusivamente los fines de semana. 

    Conclusión

    El tratamiento de la pioderma profunda requiere una terapia antibiótica prolongada combinada con una terapia tópica a base de baños con un champú antiséptico. La selección del antibiótico la realizaremos en función de los resultados del cultivo y antibiograma, y su administración se efectuará a la dosis óptima correcta durante un periodo de tiempo adecuado en cada caso. 

    En todos los casos de pioderma recidivante será necesaria la identificación de la causa subyacente y el control de la misma. Si esto no es factible, recurriremos a los protocolos de antibioterapia (dosis bajas o frecuencia intermitente) con el fin de mantener la remisión completa de la infección.